Eyecandy, Bogotá y los límites.

Las tiendas de moda independiente en Bogotá, crear alianzas, poner límites y no morir en el intento.

Aproximadamente desde 2008, cuando ya estudiaba en la universidad había muchas tiendas de diseño independiente en Bogotá, para mi ese auge de moda rarita, hecha por estudiantes y/o recién graduados, había comenzado en el centro comercial Via Libre de la calle 19 donde los primiparos íbamos a comprar los primeros outfits o “pintas” para encajar en la nueva onda universitaria, luego, como la moda de los cafés ahora, comenzó a surgir una nueva tienda de diseño cada semana.

Esta entrada posiblemente termine relatando mi primer fracaso de los múltiples que han sido, tenia pendiente escribir sobre mi participación en esta onda de diseño local especialmente porque encontré unas fotos que creía perdidas en mi viejo computador y me trajeron diversos recuerdos, esta semana me ha sido difícil darle un camino a este escrito pero me di cuenta que el fracaso es lo que ha unido cada intento en estos años.

Recuerdo que lo primero que hice fue junto a mi mamá, quien además de haberme enseñado el punto de cruz, comenzó a enseñarme -también porque se lo pedí- manejar las máquinas de tejido. Son unas máquinas Faisan de tejido de punto, funcionan sin electricidad, totalmente manuales y son para mi la joya familiar, de hecho salieron en una capsula que me hizo Señal Colombia en el 2017 para su proyecto Así somos, pero que no me fue posible encontrar en su totalidad, solo tengo este pequeño clip.

Luego de hacer gorritos de bebé para practicar y entender la lógica de la máquina, me aventé a hacer el primer pedido, aunque el crédito debe llevárselo mi madre: fue un saco, como el de la portada, que luego repetiria en otro color como puedes ver en la foto, lo encargó un profesor por medio de una compañera de la universidad con la que nos unimos, ella vendía y yo hacia, el profesor rechazó el saco porque no quedó perfectamente igual al de la foto de referencia, igual se vendió en esa semana a alguien más; pero en esa unión y en el transito de realizar el saco me di cuenta que yo ponía materiales y mano de obra pero no me estaba ganando el 100% de ello porque la vendedora había pedido cerca del 50% como comisión, me pareció tan injusto y desigual que partí aguas, perdí amistad, plata y tiempo

Los intentos de alianzas y las ganas de tener un proyecto no terminaron ahí, luego me uní con otro compañero de universidad y resultó Eyecandy, donde la Zaira criada en un amor condicional decía si a todo para complacer, para ser aceptada, si a que el nombre fuera en inglés, si a que las camisetas fueran de cierta temática, si a que las fotos fueran de esa manera, si a todo, poco me quejaba y mucho complacía. A veces quisiera hablarle a esa Zaira de 21 años y decirle que no tiene porque alimentar egos ajenos, que aprenda a poner limites.

Comenzamos a hacer camisetas estampadas en serigrafia -una técnica artesanal que me encanta y se puede hacer en casa, es versátil y funciona en casi cada superficie- él no entendía el proceso de producción ni textil ni serigráfico, haciendo que el motivo tuviera que cambiarse constantemente por el número de tintas, solo le importaba que la camiseta se viera “cool”, yo no ponía límites, decía si a todo y entre tumbos salió la primera producción, estampada en pulpo y toda confeccionada por mi mamá. Se unió también una amiga de él, una mujer inteligente, sensible y camelladora de verdad quien ya hacia ropa y tenia cosas en varias tiendas, una ficha clave porque conocía la movida, el mercado y las tiendas. Con esta primera colección participamos en ferias en A seis manos y otras itinerantes por la ciudad, nuestra mayor participación fue con Las puertas del cielo para el NEMCATACOA, el festival que dió pie al Stereo Picnic y en el que recuerdo ver a Jamiroquai, corría el año 2010, nos nombraron más de una vez en Cartel Urbano y lo más importante: vendimos, aunque nunca vimos gran ganancia, todo se repartía en comisiones de venta y se re-invertía.

No pretendo ponerme como victima, sé que también cometí errores pero siento que como en otros proyectos y relaciones me faltó exigir, elegirme, priorizar y demandar también mis intereses. Le digo a la Zaira de esos años que no era posible porque nunca me enseñaron a hacerlo, no sé como elegirme a mi misma aún a mis 35, no aprendí ni se me enseñó a levantar mi voz y ser clara con lo que yo también espero en cualquier tipo de relación, la disculpo, perdono a esa Zaira y le digo que no había forma que se diera cuenta de todo lo que estaba dando sin pedir mucho porque estaba acostumbrada a hacerlo así para sentirse valorada.

Con Eyecandy estuvimos en La Ropería, la tienda más famosa e importante del momento, en otra por el lado de Cuatro parques si es que todavía ese sitio por la 45 arriba de la 13 se sigue llamando así, otras dos por la séptima, una que luego seria el punto Dr. Martens y otra hacia la 53; en realidad la séptima entre calles 54 y 57 hacia oriente y occidente se había convertido en el sector de las tiendas de diseño. Había una tienda que le seguía a La Ropería en importancia, liderada también por una mujer, cuyo nombre no recuerdo y en la que luego surgió más tarde La panadería rusa, cuando llegó La Percha a escena ya nos habíamos disuelto, no duramos mucho, si acaso un año, no más que eso.

Cometimos muchos errores y no sabíamos que estábamos haciendo, nuestro público eran pelaos de universidad sin mucho presupuesto y apenas teníamos un flickr y facebook, en ese tiempo no había llegado instagram o no teníamos el iphone 3 para descargarla. No fuimos los únicos en comenzar algo durante esos años, tampoco en disolverse pronto y que todo quedará en un proyecto universitario, de todas las “marcas” que conocí en ese momento al día de hoy solo sobrevive JUAN, es la única que recuerdo de esos años y que aún hoy mantiene su identidad, propósito y estilo.

Yo lo disfruté mucho, diseñaba un patrón, tejía, experimentaba, me alegraba que alguien quisiera algo que había tejido y que yo había hecho, no algo copiado de una foto. Cuando comencé a tejer mis sacos nos comenzamos a diferenciar de las demás marcas por el tejido, era lo que más se vendía, pero era un producto que me tomaba mucho tiempo y que aún no manejaba en su totalidad, a veces necesitaba la guía de mi mamá frente a la máquina, entonces desarrollé los cuellitos que se vendían como pan caliente, quería un producto que fuera tejido pero más sencillo de realizar. Fue el producto estrella.

Soñé que tenia potencial, que podía vivir de mis patrones textiles dignamente, por un momento pensé que estaba haciendo algo que duraría largo plazo. Me devuelvo en el tiempo e intento ver a esa Zaira, en sus 20 que tenia este sueño ingenuo de una marca de ropa, porque le gustaba la moda, porque le gustaba hacer, porque quería vestirse diferente, porque no encontraba en la oferta capitalina algo que realmente le gustara, pero veo a una Zaira enfrascada en una marca arribista, con un nombre en inglés que ni le gustaba, incapaz de hablar, interesada por proponer y experimentar pero que no se daba cuenta que sus propuestas y mano de obra estaban siendo utilizados para tener estatus en una escena capitalina de fiestas y vanidades, para sustentar el ser cool y alimentar el ego de un hombre.

Recuerdo que fue en una feria en A seis manos donde todo se fue al traste, ellos llegaron con productos tejidos de un satélite que consiguieron y del cual yo no sabía nada, me sentí mal pero mantuve la compostura en ese momento por el bien de la feria, claramente el malestar se comenzó a gestar y comenzaron las discusiones: yo no quería perder la autonomía de mis tejidos pero me alegaban el que no tuviera el suficiente tiempo libre ya que todavía estaba estudiando, argumento suficiente para sacarme, nunca dije nada, agaché mi cabeza y me fuí, no reclamé como debí haberlo hecho, ni siguiera me devolvieron la plata que invertí. ¿Por qué me cuesta tanto poner límites?

No volví a tocar las máquinas sino hasta el 2022, lo que será otra publicación en este blog. De Eyecandy me dolía ver en flickr -así de viejo fue este proyecto- lo que seguían haciendo, transité sola un luto sin poder contarle a nadie lo mal que me sentía, tenia miedo a ser juzgada en casa por el fracaso, así que decidí refugiarme en la universidad y olvidar eso, pronto me daría cuenta que el proyecto no duró mucho. Après moi le déluge (después de mi el diluvio) y lo que habían planeado luego de mi partida no se hizo realidad.

Años después recibí un correo de M, la mujer que hizo parte del proyecto pidiéndome disculpas y explicándome que en su momento no supo ver que había elegido a alguien que no sabia trabajar, que solo quería lucirse y sacar pecho sin hacer mucho, quien no entendía procesos textiles y finalmente quien no fue la mejor formula para seguir trabajando. Me preguntaba, viendo las fotos, que hubiera sido de nosotras si hubiéramos seguido las dos solas, sin una presencia masculina tan absorbente, demandante y arribista, pero lo que no es también se agradece.

Me siento mal por hablar así de alguien a quien, entre todo, le tuve mucho cariño, pero lamentablemente con la edad aprendí que la amistad y los negocios no se mezclan y que si se hace, hay que contar con la opción de perder la amistad, porque sucede mucho. Aprendí que enfrentar también el pasado y entender lo que pasó es sanar, no guardo ningún rencor y entiendo completamente que fue mi responsabilidad haber sido tan permisiva, sumisa y complaciente como se me enseño a ser con los hombres.

No creo, tampoco que yo sea imprescindible o indispensable en un proyecto, simplemente pienso que en este caso yo ponía mucha fuerza de trabajo y disciplina aún con mis compromisos universitarios, aportaba al proyecto con horarios, reuniones y pequeñas metas, algo que no se siguió haciendo y devino en la disolución del proyecto por la falta de constancia.

Nuestra mejor editorial con maquilladora y estilista

En ocasiones cuando pienso en todo lo que he comenzado en esta vida, me veo y me pregunto porque no ha surgido algo apenas meritorio, ¿por qué me esfuerzo por hacer parte de estos proyectos que solo son para alimentar el ego de otros? ¿por qué siento que he perdido constantemente, dinero, tiempo, energía? ¿Qué sucede con mi ego? Me siento tonta cada vez que pienso en todo lo que he intentado, tonta, ingenua y vulnerable. Me siento cansada de intentar, sola o acompañada, a veces quisiera dejar de intentar, de planear, de idear, de soñar.

Me pregunto si podré volver, a tejer, a comenzar, a tener un proyecto de moda y tejido o de alguno de los dos, creo que en esta etapa de mi vida mi mayor proyecto es re-criarme como dice Vanessa Grunwald en este podcast de Se regalan dudas para precisamente no repetir, analizar, reparar, perdonar y seguir. Tal vez, luego, en algún momento y ojalá pronto surja un nuevo proyecto que seria más bien la materialización de muchos años en que he hecho tantas cosas y me he puesto en vilo en tantas ocasiones.

4 comentarios

  1. Me encantan tus escritos porque dan muestra de lo que nos pasa a muchas personas: Muchas veces tenemos todo para emprender solos y no lo hacemos sin saber por qué? Buscamos uno y mil pretextos para encontrar a alguien que nos acompañe en la aventura de crear y nuestra energía se pierde en ese «intentar» encajar con alguien para emprender.

    Conozco muchas de tus habilidades en el arte y se que tienes el potencial para llegar sola donde quieras; así que ánimo y tienes todavía toda una vida por delante para lograr lo que te propongas.

    Con mucho aprecio: Claudia

  2. Me identifico con varios puntos que cuentas Zaira, pero así como dices, todo sirve para aprender lo importante es nunca desistir, hay días que uno desea tirar la toalla y renunciar a todo, hasta cambiar de carrera pero luego recuerdo que es todo eso es por lo que he luchado, he invertido y he orado. Lo importante aquí es en verdad aprender de las lecciones y seguir adelante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *